«Unchained» se rodó en 8K a 60 f/s con dos cámaras cinematográficas digitales Blackmagic PYXIS 12K colocadas una junto a otra y con un flujo de supervisión que mostraba el resultado estereoscópico en el propio plató. Didier Paradis planteó este cortometraje de danza como una prueba de concepto: comprobar si un sistema estereoscópico compacto, independiente y con alta frecuencia de imagen (HFR) podía sostener un rodaje real fuera de una producción de gran envergadura.
El trabajo con la Blackmagic PYXIS 12K en producción 3D se organizó en torno a una idea sencilla: adelantar al plató una comprobación que suele llegar tarde. En muchos flujos estereoscópicos, los problemas creativos o de comodidad visual solo se hacen evidentes al comparar las imágenes del ojo izquierdo y del derecho, con el rodaje ya terminado.
Interesado desde hace tiempo por la cinematografía estereoscópica HFR, encontró en una pieza de cuatro minutos el marco acotado para explorar la supervisión en el set.
«Podríamos haber filmado todo y únicamente descubrir al final si funcionaba o no. Sin embargo, en este proyecto, lo importante era tomar decisiones mientras las bailarinas todavía estaban en el set».
Didier Paradis
Por qué un cortometraje de danza exigía tanto al flujo estereoscópico
«Unchained» es un cortometraje de cuatro minutos que aborda la violencia contra la mujer y sigue a una mujer que trata de escapar de una relación abusiva. Se filmó en un solo día con un equipo de voluntarios, con coreografía de Eva Guillotin y nueve bailarinas en escena.
La elección de la danza no fue casual. El movimiento es continuo, las intérpretes cambian constantemente su distancia respecto al objetivo y la profundidad del encuadre varía dentro de una misma toma. Para un rodaje estereoscópico 3D con dos cuerpos grabando en 8K a 60 f/s, ese es el escenario que antes revela si la convergencia y la separación entre puntos de vista están bien resueltas.
Para él, la cámara es solo una parte de la ecuación: tanto con un sistema inmersivo dedicado en 180° como con una configuración estereoscópica tradicional, en algún momento hay que saber cómo se ven las imágenes 3D en el set. «Unchained» pertenece al segundo grupo y no comparte flujo de captura con las producciones inmersivas rodadas con cámaras dedicadas, aunque sí ese problema.
La distancia interaxial y la elección de la Blackmagic PYXIS 12K en producción 3D
Paradis consideró primero las cámaras cinematográficas de mayor tamaño que ya tenía, pero colocadas lado a lado los objetivos quedaban demasiado separados: la distancia interaxial —la separación entre los dos puntos de vista que generan la imagen de cada ojo— resultaba excesiva.
«En las cámaras más grandes, la distancia interaxial era demasiado grande. No quería usar un sistema estereoscópico con espejos en este proyecto. Habría hecho que todo el rodaje fuese mucho más tedioso y complicado».
Didier Paradis
La alternativa llegó por la vía del formato: el cuerpo cuadrado y compacto de la PYXIS 12K permitió montar dos unidades una junto a otra y llegar a una configuración manejable. Ese es el argumento real para elegir cámaras compactas en producción 3D: la distancia entre los dos puntos de vista deja de depender de lo que ocupa el chasis. No convierte a la cámara en un producto pensado para estereoscopía —no lo es—, pero resolvió una restricción física de este montaje.
Con una sola jornada en la localización y un equipo voluntario, cada elemento que añade montaje y alineación resta tiempo de rodaje. La cámara ya había pasado por trabajos con requisitos de encuadre exigentes, como un rodaje anamórfico con Open Gate, aunque en configuraciones de una sola unidad.

Controlar dos cámaras como si fueran un solo sistema
Paradis desarrolló además una aplicación de control propia, basada en una API de Blackmagic Design, que conectaba los equipos a una red local y permitía aplicar los ajustes de apertura, sensibilidad ISO y balance de blancos en las dos cámaras. No es software del fabricante, sino una herramienta creada por él para este montaje.
El objetivo, en sus palabras, era que ambas cámaras se comportaran más bien como un único sistema, algo que en un rodaje así ahorró tiempo y ayudó a evitar errores. Cuando el mismo parámetro hay que introducirlo dos veces, el riesgo no es solo perder minutos: es terminar la jornada con dos ojos que no coinciden.
Al contar con un único día en la localización, el trabajo previo se cerró a distancia entre París, Tours y Burdeos: Guillotin envió clips de los ensayos desde su teléfono móvil y el compositor Eric Soulas escribió la partitura.
Supervisión estereoscópica en directo y sin gafas
La pieza que faltaba apareció en el festival Courant 3D, en Angoulême, donde Paradis coincidió con Takeshi Hiramatsu, de Sony. Hiramatsu mostraba allí la pantalla de Realidad Espacial ELF-SR2, un monitor 4K HDR para imágenes 3D que no requiere gafas, y al conocer el proyecto se ofreció a proporcionarla para el rodaje. El equipo utilizó ese monitor 3D sin gafas durante toda la jornada para comprobar las imágenes estereoscópicas en tiempo real.
«En un monitor normal, podría evaluar el enfoque, la exposición y el encuadre. Lo que no podía percibir adecuadamente era la distancia, es decir, si una mano se acercaba lo suficiente, si la bailarina estaba demasiado cerca o demasiado lejos o si la convergencia resultaba adecuada».
Didier Paradis
Ahí está la diferencia operativa. Un monitor convencional valida los parámetros de captura; la pantalla estereoscópica valida el espacio que construyen las dos cámaras, que es lo que percibirá el espectador. Con una sola jornada disponible, esa distinción determina si un plano se repite o se da por bueno.
En la práctica, la supervisión 3D en rodaje consistió en mirar el par estereoscópico en la pantalla del set y volver sobre lo grabado entre tomas. No hace falta la infraestructura de una gran producción: hace falta que la imagen 3D esté disponible mientras todavía se puede repetir el plano.

Reproducir el 3D entre tomas para decidir con la coreógrafa
Para cerrar el circuito, el equipo recurrió a un grabador HyperDeck Shuttle 4K Pro, que permitió a Paradis y a Guillotin reproducir los contenidos 3D casi de inmediato entre tomas. La coreógrafa podía situarse junto al realizador frente al monitor y comprobar si la posición de las bailarinas era la adecuada en cuanto a la profundidad.
El matiz importa: dentro de un flujo de trabajo estereoscópico, la conversación dejaba de ser una descripción del movimiento para convertirse en una revisión conjunta de lo grabado, en el mismo formato en que se iba a exhibir.
Cuando revisar la profundidad cambia un plano
El ejemplo más claro fue un plano previsto desde el principio: una mano que se acerca a la cámara. En el set daba la impresión de funcionar; en la pantalla estereoscópica, no.
«En el set se veía bien. Pero en la pantalla 3D, la mano quedaba demasiado lejos y necesitábamos más luz. Así que movimos a la bailarina, hicimos algunos ajustes en la cámara y la volvimos a filmar».
Didier Paradis
El segundo caso fue un plano picado de una bailarina sentada en una silla: en 2D resultaba muy simple, pero en estéreo aparecía más separación y la intérprete parecía más sola en el encuadre. Ahí la supervisión ya no corregía un problema técnico, sino que modificaba la lectura del plano.
Ese es el argumento profesional del ensayo: ver el 3D mientras el equipo sigue en el plató no sirve solo para corregir la convergencia, sino para ajustar intención, iluminación y posición de los intérpretes cuando aún se puede repetir la toma.

De DaVinci Resolve Studio a la sala de Courant 3D
La posproducción se realizó en DaVinci Resolve Studio. Ya terminado, Paradis proyectó el cortometraje a sus estudiantes de un conservatorio de danza de Chartres con gafas de realidad virtual, esperando comentarios sobre la técnica.
Las reacciones fueron por otro lado: todos se sintieron tocados por el tema. Unos respondieron más a los primeros planos y otros a los amplios, pero todos entendieron el momento en que la mano se acerca a la cámara, y varios señalaron que la historia no deja a la mujer atrapada.
El cortometraje se exhibe en Courant 3D, en Angoulême, el mismo festival del que salió la colaboración que hizo posible la supervisión en el set. Paradis ya conversa con el conservatorio de Chartres sobre una segunda película, y varias bailarinas quieren repetir.
Como ensayo de flujo de trabajo, la experiencia con la Blackmagic PYXIS 12K en producción 3D deja una conclusión utilizable para equipos reducidos: dos cámaras compactas gobernadas por una aplicación propia, un grabador para revisar entre tomas y una pantalla 3D sin gafas bastaron para trasladar al plató una evaluación que la producción estereoscópica suele posponer. El bloque de captura, registro y posproducción corresponde a Blackmagic Design, mientras que la pantalla que hizo posible la supervisión estereoscópica la aportó Sony: una arquitectura de dos fabricantes para un flujo que ninguno de los dos vende cerrado.









